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A través de la ventana

23 May A través de la ventana

Hoy os contaré lo que veo, cada día, desde mi ventana.

Después de que Amitachula se haya ido a ganar el jornal, no sin antes darme la instrucción de que “cuide de la casita”, me subo a mi cojín de la ventana a ver lo que nos depara el día.

La jornada empieza muy tranquila. Apenas se ve gente por la calle, salvo algún humano paseando a su perro.

paseando-perro

En pocos minutos, la calma se ve alterada por el ruido que hace el portero al meter los cubos de la basura.

Para mí que se asegura de que toda la casa se despierte, si no, no tiene explicación tanta algarabía.

A partir de ese momento, la tranquilidad vespertina se torna en un galimatías de ruidos y voces ensordecedor.

Las calles se llenan de los vehículos que usan los humanos para ir a trabajar. Es tal el atasco que se forma, que tarda más de una hora en volver una relativa calma.

Yo creo que forman estos embotellamientos adrede para llegar tarde al trabajo. Quizás sea ese el objetivo.

atasco coches

Además, en la acera se paran grandes furgonetas que hacen el reparto en las tiendas de todas las cosas que luego los humanos van a comprar.

Un caos total.

Pero, durante ese caos, es cuando aparecen del otro lado de la ventana dos de mis humanos favoritos, Mofletes y Trencitas. Así les he llamado yo.

Vamos con Mofletes, que viene siendo un niño tal que así:

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Mofletes es un niño del edificio que se pasa el día llorando. Si le sacan a la calle, desde el mismo momento de salir por la puerta, ya se le oye llorar por toda la escalera; y si vuelve a casa, también se le oye llorar desde que entra por el portal.

Un día pasó por delante de mi ventana y, al verme, dejó de llorar. Se quedo muy quitecito, mirándome, y saludando con su manita regordeta. Yo, claro está, le devuelvo el saludo con mi patita.

Desde entonces, su madre le lleva al cole por la acera que pasa debajo de mi ventana. Es sólo un rato de respiro porque al dar la vuelta a la esquina ya se le oye otra vez berrear. Es un inconformista. Nació así.

Mi otra humana favorita es Trencitas, una preciosa niña de pelo trigueño y ojos azules, como los míos.

Trencitas también pasa por debajo de mi ventana para ir al cole. Me lanza besitos y yo correspondo saludándola con mi patita.

Nuestra comunicación es solamente con los ojos y los gestos, pero ¡Es tan intensa!

Adoro a Trencitas. Ojalá algún día podamos darnos mimitos.

He intentado encontrar alguna foto que se le parezca, pero ha sido imposible.

Lo más parecido es este dibujo que encontré en uno de los armarios de casa.

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Después de este rato vuelve un poco de calma.

Me tomo un piscolabis de pienso y me echo a dormir cómo una manta.

A media tarde, vuelvo a ver pasar a Trencitas, tan guapa y dulce ella, y a Mofletes, que vuelve del cole hecho un Adán y que al verme, dejar de llorar, esta vez hasta que entra en su casa.

Ya sólo me queda esperar a que llegue Amitachula,  que me ponga mi ración diaria de latita, que juegue conmigo y luego a darnos mimos el uno al otro.

1Comment
  • Janessa
    Posted at 08:59h, 07 agosto Responder

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