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La historia de Tuffy y Yan

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15 Jun La historia de Tuffy y Yan

Esta historia de maltrato, afortunadamente con final feliz, me ha impresionado.

Es el castigo desproporcionado de un cafre  por una travesura de un perrito.

Antes de ir con la historia, me gustaría transmitiros que, si a veces nos ponemos a jugar con lo que no debemos, aparte de por ser cachorros, es porque queremos reclamar vuestra atención.

Os vemos pasar las horas enfrascados en aparatos electrónicos, perdiendo preciosos minutos del tiempo que podríais pasar jugando con nosotros.

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Los aparatos os estresan y, en cualquier momento, os abandonan por falta de pilas, o de conexión; nosotros os damos alegría, cariño y lealtad cada segundo de nuestra existencia.

Yo, cuando llevo un rato viendo que  Amitachula se está dejando los ojos en la pantalla del ordenador, llamo su atención para que pase un ratito jugando conmigo. Así lo entiende ella y, además, le sirve para desconectar y disfrutar los dos juntos de esos minutos irrepetibles y que ayudan a que cada vez nos queramos y entendamos mejor.

También quiero deciros, y no me cansaré de repetirlo, que, por mucho maltrato que hayamos sufrido, por muy mal que nos veáis tirados en la calle, no dudéis en socorrernos. Somos auténticos resistentes, como podréis comprobar con la recuperación de Tuffy.

Vamos con la historia de Tuffy y Yan.

Tuffy es un perrito que, con apenas 6 semanas, fue quemado con agua hirviendo y arrojado desde un cuarto piso en castigo a haber mordisqueado un teléfono móvil.

El cachorro quedó en el suelo, al borde de la muerte pero, pasó por su lado una mujer, Yan, que decidió cogerlo, a pesar del estado tan lamentable que presentaba, y llevarlo a un veterinario.

En un primer examen se constató la gravedad de las lesiones. Tuffy tenía quemaduras en el 60% de su cuerpecito, toda la piel cubierta de ampollas y no podía cerrar los párpados para dormir. Decidieron que había que trasladarle a otro centro para atenderle mejor.

Yan condujo una hora, manteniendo al cachorro, débil y atormentado por el dolor del maltrato sufrido, en una caja acolchada, a Animals Asia donde empezaron duras semanas de cuidados (hubo que hacerle injertos de piel) y recuperación.

Yan iba a visitar a Tuffy a menudo, acunándolo y dándole cariño y mimos.

Tuffy fue adoptado por Yan y ya no tendrá que sufrir terribles experiencias, es feliz con Yan y estoy seguro de que, con su alegría y ganas de vivir, enseñará a su humana a disfrutar de los momentos del presente y a comprender que pasar un rato juntos vale millones de veces más que un rato con un trasto eléctrico.

Os dejo el video pero, advirtiendo que las imágenes de Tuffy  al llegar al veterinario son muy, muy duras.

 

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