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La caída libre – el gato paraka

paracaidas

20 Abr La caída libre – el gato paraka

Aunque parezca que me lo tomo a broma, la caída de un gato no es una cuestión baladí.

A pesar de que somos grandes equilibristas, las malas consecuencias de una mala caída son más frecuentes de lo que pensamos.

Por eso, los expertos en cuestiones felinas, se refieren al síndrome del gato paracaidista o síndrome del gato volador cuando la caída se produce desde más de 7 metros.

Esto es, lo que viene a ser unos dos pisos.

 

La población gatuna con mayor riesgo de caída

 

Aunque ningún individuo está totalmente libre, las caídas suelen ser más frecuentes en:

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  • Gatos jovencitos o cachorros, ya que tienen menos sentido del peligro.
  • Gatos mayores que hayan perdido facultades propias de la especie.
  • Gatos sin castrar, pues tienen más tendencia a escapar de casa a recorrer aventuras.

 

Felizmente, yo no formo parte de dos de estos grupos. Ya no soy cachorro y tampoco soy un gato jubileta. Ja, ja, ja.

Pero, no tan felizmente, si que pertenezco al tercer grupo, como me dice a veces mi Amitachula: “Popete, al que le han cortado los huevetes”.

Según ella, me lo dice desde el cariño pero, maldita la gracia que me hace a mí.

 

Los motivos de una caída

 

Además de los motivos naturales, como pueden ser:

 

  • Nuestra natural curiosidad.
  • Quedarnos totalmente dormidos.
  • Querer cazar ese pajarito o ese insecto al otro lado de la ventana, sin reparar ni tener en cuenta donde estamos.
  • Calcular mal las distancias.

 

En las ciudades, al no ser un hábitat natural para nosotros, tenemos riesgos añadidos de caída:

 

  • Las casas suelen tener una altura que no es la que encontramos habitualmente en la naturaleza.
  • Por otro lado, al no haber llegado a esas alturas escalando, no tenemos noción de las mismas.
  • Las superficies por las que nos movemos, son lisas y resbaladizas y, al no tener rugosidades, no podemos enganchar las garras.

 

Consecuencias de una mala caída

 

Los gatos tenemos un reflejo de enderezamiento que, realizando ciertos movimientos, nos permite corregir la postura y caer con el menor daño posible.

Ahora viene lo curioso: una caída desde poca altura puede tener consecuencias más graves que una caída de mayor altura.

Esto es debido a que a menor altura, menos tiempo para corregir la postura.

Con más altura, tenemos tiempo de realizar las maniobras pertinentes para no aumentar la velocidad.

preparando-aterrizaje

Además, nuestro sistema vestibular – que es el que controla el equilibrio y el espacio – se coloca en posición horizontal, hinchando la cola y colocándola en posición vertical y relajando los músculos para absorber mejor el impacto.

Y si al final nos encontramos con un lecho de hojas mullidito pues ¡Miel sobre hojuelas! Ja, ja, ja.

 

amortiguando-caída

 

Desde luego, está claro que la altura tiene un límite. Caer desde muy alto puede tener consecuencias gravísimas.

Y si, además, mientras vas cayendo te encuentras con todo tipo de obstáculos, como tendederos, tejadillos, tuberías, etc., puedes llegar al suelo hecho una pena.

 

Visita al veterinario

Por todo ello, es    I M P O R T A N T Í S I M O    que vuestro humano os lleve al veterinario.

Puede que no os hayas hecho nada o que tengáis solamente lesiones superficiales y que os paséis un tiempito asustados y escondidos en cualquier rincón de la casa.

Pero es fundamental comprobar que no tengáis traumatismos o lesiones en partes delicadas como la cabeza, la columna, el tórax, o que tengáis alguna patita dañada.

 

Medidas preventivas

Y para evitar todo este trastorno, es fundamental tomar medidas preventivas.

¡Prohibido!

Por un lado, convendría restringirnos el acceso a zonas peligrosas pero, los gatos nos sentimos tremendamente atraídos por todo lo que se nos prohíbe.

¡Somos así de chulos!

Prevención

Y, por otro lado, se pueden acondicionar los espacios en los que existan riesgos de caída.

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Existen varios sistemas de protección:

 

  • Red protectora. Hay que tener en cuenta que por sus espacios no pase la cabeza del gato.

Yo no tengo ese problema. Mi cabeza no entra por los huecos.

Pero, en caso de que si entrara, cómo ya os dije, estoy hecho un faneguillas, así que pasaría sólo la cabeza.

Eso sí, tendréis que anclarla bien para evitar que la rompamos.

 

  • Celosías: además de prevenir que la atravesemos, hasta puede resultar decorativa.

En casa, tenemos las ventanas con rejas y, además, con tela de gallinero, así puedo “salir a tomar el sol” tranquilamente.

 

  • Mosquiteras. Son idóneas para las ventanas con hoja corredera.

Además, no os podéis imaginar la cantidad de bichitos y suciedad que evitan que pasen al interior.

En casa, también tenemos varias ventanas con mosquiteras.

Hay que intentar que sean resistentes, ya que nos suele gustar mucho afilarnos en ellas la uñas.

 

En caso de que tengáis ventana abatibles, conviene incorporar por fuera bien una reja, bien una tela e gallinero.

Pensad que por el hueco que dejan libre, nos podemos colar y quedar atrapados o, directamente largarnos a la aventura.

 

 

A veces, los gatitos nos ponemos “to locos” y no nos damos cuenta del peligro de nuestro ímpetu.

Y, ahora, os dejo, que voy a tomar mi ración diaria de solecito en el poyete de la ventana.

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Eso sí, bien protegido, que para eso mi Amitachula se ha preocupado de tomar las precauciones pertinentes.

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