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Mitos y leyendas gatunos

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10 May Mitos y leyendas gatunos

Existen muchas leyendas muy curiosas sobre los gatos.
Entiendo que motivadas todas ellas por la fascinación que ejercemos sobre los humanos.
Cuando la fascinación es positiva, las leyendas suelen ser muy chulas pero, cuando lo que os provocamos es una intriga negativa, las leyendas son a cual más peregrina – desde portadores de mala suerte, asociales, rencorosos o vengativos -, hay para todos los gustos.
Yo he preferido contaros las buenas leyendas que circulan sobre nosotros.
Vaya por delante que me he de guardar algunas explicaciones, ya que son sólo para nosotros los gatos.
No podemos desvelaros todos nuestros secretos.
Espero que lo comprendáis.
Como son unas cuantas, lo haré en varios artículos.
¡Vamos a ello!

El gato en el Arca de Noé

Cuenta la leyenda (que ganas tenía de empezar un cuento de esta forma, así como para darme pisto e importancia, ja, ja,ja), que Noé, al embarcar a una pareja e todos los animales vivos, incluyó a una pareja de ratas.
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 Cómo todos sabemos, las ratas se reproducen a un ritmo tremendo.
Por ello, las provisiones, que también se cargaron en el Arca, se iban consumiendo más deprisa de lo previsto.
La cuestión es que, cómo “no existían” los gatos, estos no formaron parte del crucero diluvial.
Noé pidió ayuda a Dios y, este, le aconsejo acariciar tres veces la cabeza del León.
El León, atónito por estas muestras de afecto e ignorante sobre los designios del Todopoderoso, se dejó hacer.
Finalmente, el gran felino estornudó y de sus fosas nasales salió una pareja de gatos.
Se restableció el equilibrio en el Arca pero, nuestra dignidad gatuna quedó un poquito maltrecha ante aparición tan peregrina en la historia de la humanidad.
Yo prefiero verlo por el lado bueno. El hombre pidió ayuda y Dios nos mandó a nosotros para ayudarle.

La diosa de los gatos

Esta es una de mis leyendas favoritas.
Se refiere a la diosa nórdica Freyja, esposa de Odín, cuyo culto se asociaba al erotismo, la lujuria, el amor y la belleza.
¡¡¡Miauuuu!!! Ja, ja, ja.
Freyja, la más guapa de todas las diosas, tenía la habilidad de volar en un carruaje tirado por dos gatos.
Estos gatos eran tan grandes y fuertotes que, cuando Thor, dios del trueno, quiso levantar a uno de ellos, le fue imposible despegarlo del suelo.

La reina de las valquirias

Además de reina de los gatos, Freyja era también reina de las Valquirias.
Las valquirias eran deidades nórdicas que, bajo el mando de Freyra, servían a Odín, eligiendo a los más heroicos y valientes soldados caídos en la batalla, para llevarlos al palacio del gran Odín y, allí sanarlos para apoyarle en la batalla del fin del mundo.
Como ya os he dicho, Freyja era la más bella de todo el panteón mitológico nórdico, por eso tenía tras de sí una legión de pretendientes.
Aparte de los gatos, también le eran consagradas las golondrinas.
Esto es debido a que compartía con gatos y golondrinas el ser libres, independientes, bellos, seductores y románticos.
 

El gato sagrado birmano

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Hace mucho tiempo, en un monasterio en la ladera del monte Lugh, en Birmania, vivía un monje llamado Mun Ha.
Mun se pasaba el día meditando y rezando a la Diosa de la almas errantes Tsung-Kyan-Kse.
Se trataba de una diosa con una piel color de nieve, vestida toda ella de oro, larga cabellera y ojos  de color turquesa.
¡¡Lo que se dice un bellezón!!
A Mun siempre le acompañaba el gato Shin, que era inteligente, noble y muy respetuoso con el recogimiento del monje.
Shin tenía unos enormes ojos color oro y un pelaje blanco como la nieve.
Pues bien, sucedió que una noche el templo fue atacado y Mun fue herido mortalmente y cayó a los pies de la Diosa.

 

Y surgió el milagro

Shin saltó inmediatamente encima del monje para socorrerle pero, Mun ya estaba muerto.
No obstante, Shin permaneció siete días y siete noches, en ayuno, velando el cuerpo del monje.
Entonces, el pelo blanco del gato se tornó de un hermoso tono dorado salvo sus patitas que siguieron siendo blancas cómo la nieve.
Los ojos dorados de Shin se volvieron del mismo color turquesa que los de la diosa.
Por todo ello, la diosa decidió convertirlo en su animal sagrado, encargándole la tarea de llevar el alma de Mun hasta su reino. Encargo que, por supuesto, Shin cumplió.
Desde entonces, todos los gatos del monasterio se transformaron a imagen de Shin y, cuando uno de ellos muere, es el alma de un monje que sube al paraíso.
No sé a vosotros que os parecen estos cuentos.
Sean o no leyendas, a mi me encanta.

 

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